El abuso verbal: La violencia que no se nombra, por María José Zorrilla

PDF Imprimir E-mail
notas-maria-jose-zorrilla
Entendemos por abuso las conductas que intentan disminuir o violar la integridad de otra persona. Sin embargo, esta clase de abuso no se nombra, se habla poco e incluso hay escasa literatura. Escuchamos hablar del abuso físico, de la violencia de género, de la violencia doméstica, incluso del acoso sexual pero muy poco del abuso verbal que muchas veces precede a otro tipo de violencia.

El abuso físico es mucho más fácil de probar, el daño está en nuestro cuerpo y se ve reflejado en la conducta que lastima, en general del más fuerte hacia el más débil. Sin embargo, somos menos conscientes de la represión psicológica que se ejerce mediante la manipulación verbal y la coacción. El abuso verbal daña el espíritu, mina la autoestima. El abuso verbal tiene que ver con el control, con la forma de ejercer el poder sobre otro. No hay huellas físicas de heridas, moretones, ojos negros. Se puede lograr a través del insulto o la descalificación de los intereses de la otra persona, de sus inquietudes, sus acciones, su creatividad. Este abuso daña el alma y las heridas pueden doler toda una vida e incluso llevar a la víctima a la locura o al suicidio.

La persona víctima de este tipo de maltrato se culpa a sí misma frente a la agresión del otro. No entiende porqué la otra persona la insultó o la humilló y se pregunta qué puede haber hecho ella para ocasionar semejante agresión. En vínculos conyugales donde existe este tipo de abuso en general es a puertas cerradas, no se da con testigos por eso la soledad de la víctima que muchas veces no entiende porqué se siente tan mal. La persona maltratada pierde muchísima energía intentando comprender la reacción del otro y se pregunta constantemente qué pudiera haber hecho para evitar el enojo del otro. Incluso cuando le pregunta, el maltratador le confirma que es su culpa, que lo hizo enojar, que ella provocó esa situación.

La persona de esta forma empieza a desconfiar de lo que siente a tal punto que la imagen de sí misma se debilita, se hace cada vez más pobre, se destruye su autoestima. Hasta que no reconozcamos este tipo de comportamiento y le demos nombre y apellido, identificándolo como una forma perversa de maltrato, este sistema de represión se seguirá perpetuando en mucha relaciones.

En la mayoría de las investigaciones se relata esta forma de violencia del hombre hacia la mujer aunque hoy en día se sabe que no necesariamente el acosador es un hombre pero es innegable que todavía quedan resabios de la cultura patriarcal y machista y esto es una consecuencia. Posiblemente haya muchísimos casos de hombres agredidos verbalmente. Lo que sí es cierto es que es una manera de someter, controlar y dominar mediante la represión y la coacción. La persona agredida tiene tal grado de confusión que la mayoría de las veces no capta que está siendo manipulada pero el estrés de vivir con un abusador verbal se ve en una variedad de síntomas físicos. Las personas comentan “No logro comprender a mi compañero. …Me siento constantemente agotada… Me levanto cansada… Después del fin de semana me siento mal, me duele la cabeza…no consigo relajarme.”

Lo principal para terminar con esta forma de abuso es identificar el problema. Desgraciadamente muchísimos terapeutas que ayudan parejas o que tratan a mujeres deprimidas tienen una gran dificultad en reconocerlo como tal. Como sociedad tenemos el deber de enseñar a nuestros hijos una manera sana de comunicarse para evitar la agresión verbal y poder identificar claramente cuando estamos siendo manipulados o maltratados verbalmente.


Clr. María José Zorrilla

www.counselinginaction.com.ar
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla








Entendemos por abuso las conductas que intentan disminuir o violar la integridad de otra persona. Sin embargo, esta clase de abuso no se nombra, se habla poco e incluso hay escasa literatura. Escuchamos hablar del abuso físico, de la violencia de género, de la violencia doméstica, incluso del acoso sexual pero muy poco del abuso verbal que muchas veces precede a otro tipo de violencia.

El abuso físico es mucho más fácil de probar, el daño está en nuestro cuerpo y se ve reflejado en la conducta que lastima, en general del más fuerte hacia el más débil. Sin embargo, somos menos conscientes de la represión psicológica que se ejerce mediante la manipulación verbal y la coacción. El abuso verbal daña el espíritu, mina la autoestima. El abuso verbal tiene que ver con el control, con la forma de ejercer el poder sobre otro. No hay huellas físicas de heridas, moretones, ojos negros. Se puede lograr a través del insulto o la descalificación de los intereses de la otra persona, de sus inquietudes, sus acciones, su creatividad. Este abuso daña el alma y las heridas pueden doler toda una vida e incluso llevar a la víctima a la locura o al suicidio.

La persona víctima de este tipo de maltrato se culpa a sí misma frente a la agresión del otro. No entiende porqué la otra persona la insultó o la humilló y se pregunta qué puede haber hecho ella para ocasionar semejante agresión. En vínculos conyugales donde existe este tipo de abuso en general es a puertas cerradas, no se da con testigos por eso la soledad de la víctima que muchas veces no entiende porqué se siente tan mal. La persona maltratada pierde muchísima energía intentando comprender la reacción del otro y se pregunta constantemente qué pudiera haber hecho para evitar el enojo del otro. Incluso cuando le pregunta, el maltratador le confirma que es su culpa, que lo hizo enojar, que ella provocó esa situación.

La persona de esta forma empieza a desconfiar de lo que siente a tal punto que la imagen de sí misma se debilita, se hace cada vez más pobre, se destruye su autoestima. Hasta que no reconozcamos este tipo de comportamiento y le demos nombre y apellido, identificándolo como una forma perversa de maltrato, este sistema de represión se seguirá perpetuando en mucha relaciones.

En la mayoría de las investigaciones  se relata esta forma de violencia del hombre hacia la mujer aunque hoy en día se sabe que no necesariamente el acosador es un hombre pero es innegable que todavía quedan resabios de la cultura patriarcal y machista y esto es una consecuencia. Posiblemente haya muchísimos casos de hombres agredidos verbalmente. Lo que sí es cierto es que es una manera de someter, controlar y dominar mediante la represión y la coacción. La persona agredida tiene tal grado de confusión que la mayoría de las veces no capta que está siendo manipulada pero el estrés de vivir con un abusador verbal se ve en una variedad de síntomas físicos. Las personas comentan “No logro comprender a mi compañero. …Me siento constantemente agotada… Me levanto cansada… Después del fin de semana me siento mal, me duele la cabeza…no consigo relajarme.”

Lo principal para terminar con esta forma de abuso es identificar el problema. Desgraciadamente muchísimos terapeutas que ayudan parejas o que tratan a mujeres deprimidas tienen una gran dificultad en reconocerlo como tal. Como sociedad tenemos el deber de enseñar a nuestros hijos una manera sana de comunicarse para evitar la agresión verbal y poder identificar claramente cuando estamos siendo manipulados o maltratados verbalmente.

www.counselinginaction.com.ar

María José Zorrilla

20/4/2013





PDF Imprimir E-mail
 
Comparte tu opinión

Los comentarios deberán ser constructivos. Se eliminarán los comentarios que se consideren abusivos y/o agresivos.


Código de seguridad
Refescar

 
Ingresa - Registrate