Mi NO conciliación por Elva Martínez

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Mi NO Conciliación

En el post anterior hice mención a mi NO CONCILIACIÓN. Prometí  contar mi historia en otra ocasión y he decidido hacerlo en este tercer post y así me conocen un poquito mejor.

Exactamente hace 13 meses tuve que incorporarme al trabajo. Ya había agotado las 16 semanas de baja materna y 3 semanas de vacaciones. Mi Piojillo comenzó entonces su andadura escolar. El periodo de adaptación fue más mío que suyo, el corazón encogido el día que lo dejé por primera vez unas horas en la guarde. Él se quedó como si nada, obvio muy chiquitín para extrañarme. De adaptación estuvo un par de días ya que yo empezaba a trabajar y pronto comenzamos con las locuras de los madrugones, coger metro, correr a la guarde y de allí a la oficina.

Mis compañeros me recibieron con los brazos abiertos. Encantados de tenerme de vuelta. Me echaban de menos a mí  y  a mi forma de trabajar. Ese mismo día hablé con mi jefe quería mi derecho de reducción laboral por lactancia materna, la hora que me correspondía a mí y a mi hijo. Ahí comenzó mi particular vía crucis.

Su primer comentario fue “¿Sabes cuántas mujeres han sido despedidas este año por quedarse embarazadas?”. Esa fue su frase de bienvenida. Enseguida me di cuenta que mal empezábamos pero yo quería mis derechos, me han educado en libertad y a nunca vivir pisoteada sino a luchar por lo que es mío .Le contesté que era mi derecho y el de mi niño y que lo quería. Contestación “Lo pienso y te digo algo”. Más de una semana le llevó pensarlo. Y su respuesta fue que me daba no la hora sino media, que más no podía ser, y que además no podía ser a la salida sino a la entrada. Eso sí, como no iba a hacer horas extras, horas que no me pagaban, me quitaba  las tardes de los viernes libres. Conclusión, en realidad no me daba mi derecho a la lactancia.

Empezaron las malas caras, los gritos, insultos, parece ser que  no era la Super Elva eficiente de antes de ser madre. Y caí en picado. Aguanté y aguanté hasta que un día no pude más. La última frase que escuché suya fue “ Si no te interesa sabes en donde está la puerta”.

Claro tenía que no me iba a ir, que si quería echarme que lo hiciera. Pero fui invadida por una crisis de ansiedad. Rechacé ser tratada con medicamentos porque quería seguir dando de mamar a mi Piojillo. Los médicos estuvieron de acuerdo porque sabían que mi problema era externo a mí.

Con los meses me llegó un telegrama. Me despedían. Ja, me indemnizaban por despido improcedente. Y  ahí acabó mi relación con la empresa. Ni una llamada para saber cómo estaba ni nada de nada.

Sin embargo, a pesar de todo, yo me he quedado con la parte positiva de la historia, siempre veo el vaso medio lleno, ya que gracias a este personaje he podido disfrutar de mi bebé, lo he visto crecer, aprender a caminar, a decir mamá…. De la otra manera lo dejaría bien temprano en la mañana y lo recogería a las 7 de la tarde, nuestra relación hubiese sido de baño, cena y a dormir. Ahora disfruto de él al 100%. Eso sí, espero que pronto mi historia como la de muchas madres y padres sean sólo parte de la historia y logremos una verdadera conciliación.
 
http://cuandooliaavainilla.blogspot.com/



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